26 septiembre 2016

Nueva entrada... ¡en Africa Geographic!

Un martín pescador gigante africano clava la mirada en las cristalinas aguas del Okavango. Ojos fijos, pico cerrado, músculos tensos. ¿Ha visto algo en el fondo del río? Un rápido movimiento de cabeza para triangular la posición... arriba y abajo... ¡Sí, hay algo ahí! La zambullida no dura ni un segundo, y del salpicón emerge un martín victorioso con su captura... solo que no es lo que él -ni lo que yo- esperaba.

¿Qué le ha ocurrido a este magnífico martín?

Para conocer la historia completa de este inolvidable avistamiento que pude vivir en nuestro reciente viaje a Botswana con ElephantTrailsSafariCo, haz click en el link para acceder al post que la revista Africa Geographic me publicó en su blog: ¡todo un honor!

29 agosto 2016

Meropsmagic!

Si visitaras por primera vez la península ibérica en invierno seguramente pensarías "¡meh, vaya sosada! ¿Dónde está el color aquí?". Pero si vinieras en primavera escucharías un potente pruiik pruikkk!! y cuando levantaras la mirada, tu vista tendría el regalo del animal más hermoso que vive en estas latitudes. 
Afortunadamente, este año he tenido muchas ocasiones de escuchar ese pruikpruik... ¡y de admirar a la joya autora del sonido!

La madre Naturaleza debía haberse cansado de hacer pajaritos marronáceos, dijo "¡háganse los abejarucos!" y concentró en 30 centímetros de longitud todos los colores del arcoiris. 

Durante miles y miles de años, la evolución ha ido perfeccionando cada detalle, cada pluma de los abejarucos, para convertirlos en los cazadores de insectos más refinados. De hecho hoy existen 26 especies, distribuidas por Eurasia, África y Oceanía.

Pero no solo las plumas de los abejaruco son excepcionales: ¡fíjate en esos ojos! Detrás de ese iris bermellón hay una vista capaz de detectar una abeja a 60 metros de distancia

Lo llamamos europeo, pero en realidad hay Merops apiaster que nunca ven Europa: hay una población que cría en Sudáfrica y su migración invernal es hacia el norte. Por eso yo prefiero el nombre menos habitual que se le da allí: el golden bee-eater o abejaruco dorado. ¡Más descriptivo!

En la orilla del Guadarrama, un abejaruco se posa en las ramas todavía sin hojas de los chopos. Acaba de llegar de su migración desde el sur del Sáhara, pero para los siguientes 5 meses, este será su hogar... el suyo...

...¡y el de su pareja! 

 Y es que los abejarucos viven en complejas sociedades: forman parejas que permanecerán unidas toda la temporada, y esas parejas se agrupan en colonias que pueden llegar a cientos

El campo se va llenando de flores. ¡Está entrando la primavera! -¡Prrrik, prrrik!- Los reclamos de alteración llenan el aire en la colonia: ha empezado el celo.  

En un incomparable despliegue de color, un abejaruco aterriza con una abeja recién capturada en el pico... 

Pero no es para él... ¡se la regala a la hembra! Ayuda a demostrar que es un eficaz cazador y que podrá proveer suficiente comida a los futuros pollos, pero yo estoy convencido de que también existe un componente de genuina generosidad 

Y normalmente la receptora no le hace ascos al regalo... pero las abejas tienen un peligroso aguijón, así que antes de comer debe frotarla contra el posadero para arrancárselo. Una vez está des-aguijonada, ya está lista para ser devor... -¡¡mmm, qué rica!!-

Durante varias semanas, la algarabía de cebas en la colonia es constante. Esa punta blanca en sus picos es señal de que ya han empezado a preparar sus nidos: no es otra cosa que arena del talud vertical en el que están excavando el túnel en el que criarán

 Y con tantas cebas, el apareamiento no tarda en llegar. Duró apenas 5 segundos, pero presenciar un momento tan crucial en la vida de los abejarucos fue un privilegio que no olvidaré nunca.

 Las parejas están cada vez más tiempo cerca del nido, preparándose para la inminente incubación...

 ...pero algo raro notan... ¡se está acercando una tormenta!

 Nubes oscuras cubren el horizonte, y un último rayo de sol ilumina a esta joya dorada. 
Minutos después, se abrieron los cielos y cayó el chaparrón del siglo. El cauce seco del arroyo se inundó y parte del talud de la colonia se derrumbó. Llovía y llovía. No tenía pinta de ir a parar pronto...


***

Semanas después de la tormenta, el campo estaba más bonito que nunca. ¿He visto lo que creo que he visto? ¡Sí, hay abejarucos cerca de la colonia! ¡Siguen aquí!

¡Y con más movimiento que nunca! Aquello era un hervidero de gritos, reclamos y destellos de azul y dorado.

¡Estaban ya terminando los nidos! Los abejarucos no quieren presumir de su vibrante plumaje mientras incuban. Con el pico y las garras excavan un estrecho túnel de más de un metro con una cámara al final donde pondrán los huevos. Es tanto el desgaste al que someten a su pico que para cuando termina la temporada puedes verlo sensiblemente más corto y limado

Era la ocasión perfecta para fotografiarlos. Ver el amanecer en la colonia, rodeado por los cantos y revoloteos de los abejarucos no tiene precio. ¡Pero no son especialmente madrugadores! Hasta que no calienta bien el sol, se quedan inmóviles con las plumas infladas para conservar calor...

... pero cuando sube la temperatura la actividad se dispara. Fotografiar abejarucos es lo más divertido: ¡son tan impredecibles! Éste estaba tan tranquilamente posado cuando vio acercarse a otro a su posadero. No debía tener muchas ganas de socializar en ese momento. En una fracción de segundo, alas desplegadas, cuello estirado, cabeza levantada... y un instante después todo quedó como si no hubiera pasado nada

"¡BUUARGHH!"
Cuando vi que este precioso adulto empezaba a abrir el pico y cerrar los párpados, no me podía creer lo que iba a pasar segundos después. El abejaruco quería echar una egagrópila (una bola de material no digerible) y eso significaba fotón aproximándose. Efectivamente, instantes después expulsó una bola negra brillante. Al salir del cutre-hide recogí la egagrópila y pude ver los infinitos exoesqueletos de los insectos que se había merendado. 
Era el ejemplo perfecto de cómo los abejarucos pueden adoptar una rama colocada en un punto estratégico como posadero favorito...

...pero si quieres fotografiarlos, no siempre hace falta colocar posaderos: a veces sus ramas naturales preferidas son accesibles. De hecho, yo prefiero infinitamente estas fotos 100% naturales que reflejan la vida más salvaje del abejaruco

Otra manera de variar las fotos es con la luz. A veces, colocarse mirando hacia el sol da imágenes que se complementen con las mas "estándar" en un reportaje monográfico de abejarucos

Los abejarucos son agradecidos a cualquier distancia: de lejos o en primer plano, siempre tienen alguna belleza que mostrar. Las cámaras modernas tienen tantos megapíxeles que podemos permitirnos potentes reencuadres como éste para apreciar los más sutiles detalles de sus plumas 

Lo bueno de los abejarucos es que si consigues que se te pose delante uno, pronto tendrás a otro curioso acompañándole. Como siempre están moviendo la cabeza en busca de insectos, antes o después terminarán mirando para el mismo lado creando momentos tan simpáticos como éste.

Pero la postura fotogénica por exclencia es sin duda el estiramiento: ¡es sencillamente sublime! Alas, cola, cuello... el instante para recrearse en la belleza del Merops.
Deben asegurarse de que cada músculo está en plena forma, porque en breve crecerán sus pollitos y tendrán despegar de vuelta al sur...

...¡pero solo hasta el año que viene!

Si hay algo que me produce admiración es pensar que un joven abejaruco que haya nacido en mayo de este año, en apenas un par de meses ha desarrollado un plumaje exquisito y ahora mismo está preparándose para volar miles y miles de kilómetros. Pensar que con 4 meses de vida va llegar a ver el Sáhara solo con la fuerza de sus alas.
Y si algo me produce felicidad, ¡es pensar que el año que viene volverá aquí a deleitarnos con su presencia!

04 julio 2016

Avefrías... bajo el calor del Kalahari

Un dia típico de safari en Botswana es una montaña rusa de emociones: ¿encontraremos los leones? ¡Dios, un leopardo, increíble! Vaya, hoy no hubo fotos buenas de elefantes... ¿seguirá el águila en el mismo sitio que ayer?  Y así sucesivamente... pero hay algo que siempre estará ahí para alegrarte la mañana: ¡Anda, una avefría! 

Y es que ¿cómo no va a haber aves aquí? Desde el aire, el Delta del Okavango y el sistema del Chobe son un prodigio de complejidad incomparable. La combinación de zonas desiertas, bosques y cursos de agua hacen que cualquier pájaro tenga siempre a disposición su hábitat preferido ...

Pero es a nivel de suelo donde puedes apreciar de verdad las sorprendentes historias de los animales que viven aquí. Estos calurosos pantanos son el escenario de una reunión muy especial...

...¡la reunión de las avefrías!

Como seres sociables que son, las avefrías herreras (Vanellus armatus) disfrutan de la compañía de otros "avefríos" y avefrías. Sin embargo ahora deben tener especial atención cuando pasean por estas llanuras: 

¡porque empiezan a seguirles sus pequeños pollitos! Y con esta valiosa responsabilidad a su cargo, las avefrías adultas desatan una faceta sorprendente: la territorialidad. El valor y la determinación de estos fieros animales no tiene comparación en el Delta.

Y pronto lo iba a comprobar el águila rapaz (Aquila rapax). Estaba tan feliz disfrutando de los restos de una liebre saltadora del Cabo en su posadero preferido... 

...pero no ha tenido en cuenta que éste no es solo su territorio. Una avefría ha visto la jugada y no está por la labor de tolerar águilas, y se lo hace saber con varias arriesgadas pasadas. No hace falta decir quién tuvo que huir, liebre en garras, en busca de un territorio más tranquilo

Incluso el grupo de cebras tuvo que dar un pequeño rodeo en torno a estos 3 irritables pajarillos. Cuando vi la escena desde el coche parecía demasiado bueno para ser verdad: las 3 avefrías en primer plano, mirando directamente a las 3 cebras (también blancas y negras). Quitar teleobjetivo, coger gran angular... ¿dónde lo habré puesto? Poner angular, ¡no llego, no llego! Enfocar a las avefrías, zoom in... ¡click! ¡UNA foto!
 En la siguiente, las cebras habían salido del encuadre y las fotos eran carne de papelera de reciclaje.

Pero si la herrera ya era una avefría valiente, a la coronada (Vanellus coronatus) no hay quien la intimide

¡Se pasan el día chillando! Incluso en vuelo van reclamando su territorio contra cualquier malvado intruso que se acerque demasiado a su nido...

Ya las había visto espantar otras avefrías, rapaces, herbívoros e incluso a mí mismo alguna vez a pie... pero lo que vimos en la marisma de Savuti lo superaba todo.

Quedaban 5 minutos para que cerrara el parque y tomamos la pista de salida más directa. Lo que no sabía yo era que debía haber un nido de avefría coronada a escasos metros de una curva... al pasarla, escuché unos chillidos inconfundibles. Vaya, pobre avefría, la habremos hecho volar pasando tan cerc...- pero de volar nada. Había abierto las alas y levantado la cabeza intentando amenazar al todoterreno de 11 plazas (¡!). No teníamos tiempo para parar, pero nunca olvidaré la imagen: una avefría de medio kilo persiguiendo entre la polvareda a un todoterreno de 2.000.

En las zonas más húmedas vive otra avefría más discreta, la palustre (Vanellus crassirostris)

Desde luego su aspecto no le deja a uno indiferente... esa cara completamente blanca es única entre las limícolas africanas, y da la impresión de ser más grande aún: ¡de ahí crassirostris, crassos significa "gordo" en latín!

Sin embargo fue en el río Chobe, ya fuera del Delta, donde encontramos a la más fluvial de todas las avefrías. Una extraña criatura blanca, gris y amarilla que se acercaba a la orilla... ¿qué será?

Nada menos que la avefría de corona blanca (Vanellus albiceps), la más espectacular de todas. Esas carúnculas amarillo intenso son inconfundibles... aunque te preguntarás (igual que yo cuando la vi), ¿por qué no darle un nombre que haga referencia a esos wattles en lugar del aburrido albiceps? En realidad, ya existe la wattled plover, y aunque las carúnculas de la albiceps son más espectaculares, el nombre ya estaba pillado

La avefría de corona blanca es relativamente rara y esquiva, y en ninguna de nuestras anteriores visitas al Chobe habíamos conseguido verla. Sin embargo este año pudimos darnos banquete y verlas en distintos lugares, ángulos y luces

Y quiero terminar con una "falsa avefría", un vecino de las anteriores avefrías que comparte su aspecto y hábitos y que, aunque pertenece al mismo orden, es de una familia totalmente distinta: ¡los alcaravanes! Se trata del alcaraván de agua (Burhinus vermiculatus), que a diferencia del que tenemos aquí, le encantan las orillas húmedas de los grandes ríos... 

...¡pero vivir en ríos también trae sus peligros! Afortunadamente este gigantesco cocodrilo del Nilo no estaba interesado en la pequeña familia. Se contentaba con descansar al atardecer posando para una foto que nunca pensé que podría hacer: ¿un cocodrilo y 3 alcaravanes el mismo encuadre? ¡Sólo en Botswana!

Y así termino este repaso a las avefrías de los ríos y llanuras de este increíble país. Unos animales bellos y elegantes pero fieros y potentes al mismo tiempo. ¡Al fin y al cabo, hay que tener mucho valor para vivir en un oasis del Kalahari y llevar la palabra "fría" en tu nombre!