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26 febrero 2016

Garzas y cucales... una mañana en el Delta del Okavango

¡Qué atraso llevo en el blog! Están siendo unas semanas un poco locas, pero siempre que encuentro un ratillo reviso las fotos de Botswana y es como volver a estar allí - no hay nada como ir pasando fotos de la carpeta de "río Khwai" para comprobar lo increíble de la diversidad y densidad de animales del Okavango:

Cada minuto en el Delta está lleno de sorpresas, y nuestro primer día en Khwai comenzó de la mejor manera posible: con la visita de este gigantesco cazador nocturno, el búho de Verraux (Bubo lacteus)

Antes de que despuntara el sol estábamos ya conduciendo por las orillas de este canal del Okavango... en estas sabanas, más vale tener la vista entrenada - ¡nada es lo que parece! Entre los troncos que bajan flotando en la corriente encontramos uno especialmente "escamoso"... lo seguimos con los prismáticos río abajo y para mi alegría, cuando llegó a un parche de luz...

...resultó que nuestro "tronco" se cruzó con uno de los más impresionantes habitantes del río Khwai: la garza Goliat (Ardea goliath). 

¡Y resultó ser un fantástico avistamiento! Recolocamos el coche y la llegamos a tener tan cerca que pude poner el zoom al mínimo para incluir en el encuadre a la garza con su inmejorable hogar

Este individuo era todavía un juvenil, pero ¿sabías que la Goliat es la garza más grande del mundo? Con una envergadura alar de más de 2 metros, no es de extrañar que le pusieran ese nombre...

Pero mientras observábamos la garza, escuchamos río abajo los "soplidos" de una familia de hipopótamos...

Y menudo escenario habían escogido los hipos. Con la mañana ya bien entrada podíamos apreciar la belleza e inimaginable tamaño de esta zona del Delta. Pero claro, en el río Khwai un avistamiento siempre te lleva a otro, y resulta que entre los carrizos de la orilla vivía otro icono de las aves de África...

...¡el cucal! Se trataba de un coppery-tailed coucal (Centropus cupericaudatus), un pariente de nuestros cucos al que según le incide la luz parece tener las alas y el cuello completamente negros...

...¡o de un hermoso naranja cobre! De hecho, de las varias especies de cucal que hay en el Okavango, este se llama "de cola cobre" porque sus timoneras pueden adoptar un hermoso brillo metálico similar al de nuestras urracas

Curiosamente, al cucal se le conoce localmente también como el "rain bird", el pájaro de la lluvia... y sorprendentemente, ésto se debe a su canto: lo suelen emitir justo antes de la llegada de las lluvias, ¡y y suena exactamente como el borboteo de abrir una botella de agua y ponerla boca abajo! 

Y allí que dejamos al hermoso cucal, chapoteando en la orilla inundada del río en busca de una suculenta rana...

... aunque el mayor de todos los depredadores del río nos encontró a nosotros... cuando llegamos al mediodía al campamento para comer, el elegante pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer), nos sobrevoló emitiendo su característico canto 

Y no fuimos los únicos en oírlo: los pequeños arrow-marked babblers (Turdoides jardineii) que saltaban por las ramas no tardaron en descubrir la temible silueta del pigargo remontando el vuelo...

... ¡y aunque ellos no estaban en mayor peligro porque el pigargo caza casi exclusivamente peces, la forma de la rapaz no les hizo mucha gracia!

Sin embargo, como puedes imaginar, en un paraíso de animales como es el río Khwai, nuestras tarjetas de memoria no se iban a quedar tan "vacías"... ¡continuará en la próxima entrada!

02 septiembre 2015

¡De vuelta en Botswana!

Era la mañana del 5 de agosto, ¡y yo estaba hecho un hatajo de nervios! Y es que estaba en un pequeño avión sobrevolando el desierto del Kalahari en dirección a Maun, una hermosa ciudad en el norte de Botswana... y era además la ciudad desde la cual iba a comenzar un safari de 10 dias ¡que resultarían ser de los mejores 10 dias de mi vida! 

Entre las infinitas arenas del Kalahari comencé a ver los primeros rios y meandros: estábamos entrando al delta del Okavango, y no tardaron en verse los primeros edificios... ¡ya habíamos llegado a Maun!


Acababa de aterrizar el avión y yo ya miraba los árboles del aeropuerto en busca de los primeros pajarillos del viaje... por suerte, íbamos a dejar las maletas al hotel y a encontrarnos con los amigos de la Elephant Trails Safari Co. Yo me frotaba las manos porque imaginaba que el hotel iba a ser un hervidero de animales.
¡Estaba en África y estaba donde tantas veces había soñado volver!

¡No me equivocaba, aquello era un festín de bichos! El primero en salir a recibirme fue el sagaz cálao gris (Tockus nasatus), acompañado de todo tipo de pájaros, ardillas, mangostas... a lo largo de estas entradas me centraré en enseñaros las aves de Botswana porque son de lo más desconocido de la fauna africana. ¡Pero si vas de safari a Botswana, "expect the unexpected": lo único que puedes esperar es lo inesperado!

Iba paseando por los jardines cuando me fijé que alguien me miraba desde una rama: era el drongo de cola ahorquillada (Dicrurus adsimillis), un pequeño pájaro que es mucho más de lo que aparenta... 

...y es que detrás de esos ojos rojos se esconde una inteligencia sin igual. El drongo es famoso por hacer de vigía para los suricatas en el Kalahari. ¡Pero no siempre es honesto! Cuando el hambre aprieta, espera a que los suricatas hayan cazado algún insecto y entonces imita el grito de un águila para que éstos huyan dejando atrás el insecto y comérselo él. ¡Pero cuando ésto falla, lo que hace es imitar el grito de alarma de los propios suricatas! Con eso, todos los suricatas huyen a esconderse y él se lleva el insecto una vez más: ¡no quisiera ser yo un suricata en manos del drongo!

Y además de ser un prodigio de la inteligencia, es un modelo perfecto para fotografía... hay que ver cómo posó éste, a menos de dos metros y con todo el plumaje brillando al sol del atardecer. ¿Qué más se puede pedir?

 Seguía yo dando mi paseo por el jardín cuando escuché el parloteo inconfundible de los babblers. Los babblers (o "parlanchines") son parientes lejanos de los mirlos que tenemos en España, pero mucho más gregarios. Éste en particular es un arrow-marked babbler (Turdoides jardineii), y no posó mucho tiempo: ¡tuvo que echar a volar porque se le escapaba su bandada! 

De repente, me fijé que entre la espesura de un árbol había una extraña masa marrón...
¡Si no lo veo no lo creo! Eran 4 babblers de obispillo blanco (Turdoides hartlaubi) en un aseo mutuo... es un hábito que está descrito, pero yo desde luego nunca lo había visto en esta especie. "¿Aguantarán si me acerco un poco?"

¡Y tanto que aguantaron! Estaban a lo suyo limpiándose las plumas, y puedes apreciar cómo, a pesar de ser los 4 adultos, unos parecen más pequeños que otros solo con encoger o inflar las plumas. El de la derecha enseña claramente el obispillo blanco que le da nombre, pero no estaba muy fotogénico al esconder la cabeza. "Ojalá se girara y tuviera la foto de los 4 mirando", pensé

Y de repente se giró enseñando su ojo rojo y desplegó la cola, cerrando así un hermoso encuadre justo antes de "disolver la reunión" y despegar para seguir buscando comida... hasta la próxima sesión de desparasitamiento.

Lo bueno de este hotel es que está justo en frente del rio Thamalakane, uno de los muchos canales en los que se divide el Okavango. Y pasear por la orilla es una auténtica delicia: los tejedores dorados de Holub (Ploceus xanthops) son como faroles amarillos entre el verde de la densa vegetación

En la orilla se forma una pequeña llanura donde los estorninos del Cabo (Lamprotornis nitens) bajan a comer, enseñando su plumaje reflectante y su ojo naranja

Pero en la llanura se acaba de posar otro vecino del río... éstos impresionantes colores pertenecen a la avefría herrera (Vanellus armatus). Estas aguerridas aves son realmente fieras y atacan a todo lo que ven cerca de su territorio (desde halcones hasta todoterrenos, como pudimos comprobar). En cuanto la vi aterrizar me tumbé para pillarla a ras de suelo...

La luz era ideal y sus colores contrastaban de maravilla... ¡pero ella tenía otras intenciones! Se emepeñaba en picotear el suelo sin mirar a cámara. Pero por suerte se iba acercando paso a paso hacia mí...

Y cuando estaba a apenas 6 metros, se paró, levantó la cabeza ¡y me ofreció una sesión fotográfica totalmente inesperada! Eso es lo verdaderamente bello de visitar África: los animales te ven, saben que estas ahì... y les da igual. Aquí en España para hacer una foto así a un avefría tendrías que pasar horas y horas en un hide y confiar en que la avefría ni sospechara que estás ahí...

Pero el Thamalakane también es el hogar de imponentes depredadores: el grito inolvidable del pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer) te recuerda que estás de vuelta en el Delta... y que tienes que mirar alrededor en busca de la más hermosa de las águilas. Cuando ésta nos sobrevoló elegantemente no te dabas cuenta hasta que levantaba alas de que...

...¡acababa de pescar una perca y la llevaba todavía goteando!
En el Okavango, no hay un momento de descanso

 Va cayendo la tarde en este pequeño rincón del Thamalakane, y después de hacer una breve pausa para tomar una coca cola en el bar del hotel, allá que volví a ver quién se acercaba al río al atardecer

Las jacanas (Actophilornis africana) dan vida a todos los ríos, lagunas y arroyos del Okavango. Sorprendentemente, en la época de cría es la hembra la que dispone de un harén de machos, y una vez ha puesto los huevos, es el macho el que se encarga de criar a los pollitos. 

Y con las últimas luces del dia, apareció caminando por la orilla el precioso ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus). Hace miles de años, los egipcios ya se dieron cuenta de lo peculiar de este animal ¡y lo veneraban como mensajero de los dioses! De ahí que Toth, el dios de la sabiduría, se representa como un hombre con la cabeza de un ibis 

 Y para mi agrado, el ibis se paseó delante de mi objetivo para ofrecerme el final perfecto de un dia perfecto.

¡Y el viaje acababa de comenzar! Por suerte, en estos jardines habitan muchas más especies de aves, especies tímidas que suelen escapar a la vista según paseas. Hace falta algo más para fotografiarlas, pero por suerte este hotel de Maun está bien preparado... ¡el desenlace en la parte II de esta entrada!

30 septiembre 2014

1 año después... ¡¡un comedero en Botswana!!

"¡Sí, estoy aquí de verdad!" eso fue lo que me tuve que decir a mí mismo cuando volví a visitar el comedero del hotel de Maun, Botswana. Era el día antes de comenzar el safari, pero para mí iba a ser uno de los grandes hitos de todo el viaje. Desde que estuvimos aquí el año pasado, llevaba todos esos meses imaginando cómo sería volver, dónde me pondría para hacer las mejores fotos, etc... ¡Y el momento había llegado! Es un comedero de lo más rudimentario, un par de mesitas en los jardines del hotel a las que no hace caso prácticamente nadie... ¡ellos se lo pierden!

Nada más amanecer, los tejedores enmascarados del sur (Ploceus velatus) se acercaban a ver si había comida

También aquí hay tórtolas ojirrojas (Streptopelia semitorquata)

Todavía no hay comida en el comedero, así que el principal atractivo es el agua... me senté al lado de un pequeño bebedero y vino a visitarlo un swamp boubou (Laniarius bicolor)

Su plumaje tiene exclusivamente dos colores: negro intenso y blanco. Están emparentados con los alcaudones, y hasta hace unos años se les incluía en la misma familia

Empezaba a despuntar el sol y es entonces cuando pusieron comida en los comederos: unas migas de pan y unos taquitos de melocotón... ñam ñam

Algunos, como los Hartlaub´s babblers (Turdoides hartlaubii)  o turdoides, ya estaban esperando... ¡un viejo conocido del año pasado!

Sus parientes, los arrow-marked babblers (Turdoides jardineii) tampoco tardaron en sumarse. La noticia de que hay comida se extiende como la pólvora entre los pájaros

Los estorninos de Meve (Lamprotornis mevesii) también vienen a comer. Su plumaje es de los más espectaculares, porque las plumas son iridiscentes y reflejan la luz. ¡Toda una preciosidad para la vista!

Otros tejedores, los red-billed buffalo weavers (Bubalornis niger) tienen un color muy distinto a los típicos tejedores. Son uno de los "little five" y unos animales muy curiosos de ver

El año pasado tuvimos la mala suerte de verlos sólo de refilón y muy mal: ¡este año sin embargo me di banquete! Eso es lo bueno del safari, ¡nunca tienes ni idea de qué vas a ver y qué no!

Iba entrando la mañana y cada vez iban apareciendo más y más pájaros de colores. El bulbul ojirrojo (Pycnonotus nigricans) tampoco lo habíamos visto la otra vez, y me encantó poder disfrutarlo así de bien

Todavía con las primeras luces bajó a comer el grey go-away bird (Corythaixoides concolor). Este pariente de nuestros cucos es enorme, más que una urraca. Pueden desplegar y contraer la cresta en cuestión de un segundo ¡y están todo el día cresta arriba, cresta abajo! Para ellos debe ser una forma de comunicarse y expresar cómo se sienten

 Y eran súper fotogénicos. Como son tan grandes y calmados, daban mucho tiempo para pillarles en todos los ángulos y luces. Aquí ves a uno con un contraluz que le perfila en su posadero favorito...

...¡y aquí otro con un contraluz más suave correteando para llegar al comedero!

Todos esos pájaros eran muy ruidosos y llamativos, pero de repente me fijé que había uno que se quedaba escondido entre las sombras: -¡¡el petirrojo!!- pensé. Era el petirrojo de ceja blanca (Cossypha heuglini), toda una joya de los bosques y jardines del sur de África

¡Estaba cerquísima! Suelen ser tímidos y yo desde luego no contaba con verlo así de bien... ¡recuerdo que cuando hice estas fotos estaba con una sonrisa de oreja a oreja!

Los tejedores seguían dándose un banquete, y la lástima fue que no estuvieran en plumaje reproductor: ¡los machos en noviembre adquieren un color impresionante!

Pero a éste tejedor no le faltaba color precisamente... es el tejedor dorado de Holub (Ploceus xanthops), y tiene un amarillo... buff, cada vez que se acercaba al comedero (es más solitario y escaso) era un espectáculo

Pero la sorpresa del día fue ver quién más vino a desayunarse un poco de pan: el barbet acollarado (Lybius torquatus). 


Vaya impresión, para mí verlo así de cerca fue como ganar varias loterías a la vez. Le comenté al dueño del hotel lo que acababa de ver, y me dijo: "¿ah, el barbet? ¡Anda, qué suerte! Pocas veces lo hemos visto en el comedero"

Estaba que no me lo creía: ¡qué colores, qué pico! A veces a los barbets se les incluye en la familia Ramphastidae: ¡los tucanes! La verdad que un aire sí se da...

Una vez habían desayunado en el comedero, entraba el mediodía y todos los pájaros se alejaron a buscar su propia comida... los babblers, por ejemplo, estaban en la hierba buscando bichejos: me tumbé y me empecé a arrastrar para pillarlos a nivel con todo el fondo verde: debían pensar: -¿Qué estará haciendo éste que se tumba aquí delante nuestro? ¡Qué raros son éstos humanos!-

Y de repente, paso por delante de un árbol y, ¡wow! había un montón de babblers apelotonados en la horquilla del tronco: ¿qué les pasará? Había pollos, adultos.... todos unos encima de otros como si tal cosa

¡No tenía ni idea de por qué sería! Al cabo de un rato volví al árbol a ver qué había que tanto querían ponerse allí... ¿un nido, tal vez? ¿agua, comida? Pues no... ¡no había nada! Árbol normal y corriente... ¿qué harían allí? Pensé que podría ser para no pasar frío... ¡pero hacía un calorazo africano! Tal vez protección... ¿pero en pleno mediodía? Por algo los babblers son consideradas de las aves más inteligentes: ¡¡y misteriosas!!

Los turacos descansaban de 3 en 3 en las ramas del jardín

Y los buffalo-weavers también bajaban al suelo, vaya colores tenía éste

El tejedor dorado era más tímido... no me extraña, con ese amarillo parecía emitir luz propia cuando volaba por los árboles

¡Y hasta una Smith´s bush squirrel (Paraxerus cepapi) por las ramas!

Estábamos ya con las maletas en la mano para marcharnos de Maun, iba yo pensando que vaya lástima no haber visto el cucal, cuando me fijo que en unas ramas había un pájaro grande: ¡me acerqué y era él, el cucal!

Era el coppery-tailed coucal (Centropus cupericaudus), y se posó en la mejor rama con la mejor luz, justo en un claro entre las hojas. ¡Qué bien se portó! Los animales nunca se colocan donde "deben", pero él fue la excepción

Y fue el regalo de despedida ideal de Maun, porque tocaba decir adiós a la ciudad para empezar lo bueno de verdad: ¡el safari! Nuestro próximo destino sería la famosa reserva de Moremi... continuará