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08 agosto 2017

The Roar of the Forest - ¡Nuevo vídeo!

Casi un año después de haberlo grabado, por fin he terminado la edición del pequeño "documental" sobre la berrea del ciervo que me ha desvelado más de una noche... Para ver en el ordenador a pantalla completa ¡y con el sonido a tope, que ha sido lo más difícil de editar con diferencia!
He querido hacerlo bastante "contemplativo" así que vedlo con calma y paciencia, jejeje...
¡Aquí va!


(hacer click en la flecha del "Play")




Os dejo también la traducción de los subtítulos:

PARTE I – BRAMANDO EN LA NIEBLA – Primero hay oscuridad... luego hay sonido... y luego hay luz. Las pezuñas están cansadas, la garganta está seca... pero la adrenalina está alta... y no hay descanso.

La luz podrá cambiar... pero el mensaje sigue siendo el mismo. Este-bosque-es-¡mío! Este-harén-es-¡¡mío!! Humo de agotamiento, astas brillando doradas – astas de desafiante gloria – astas que harán lo que haga falta para ganar el dominio de este bosque...

... hará falta mucho.


PARTE II – TORMENTA & CUENTA ATRÁS – Viento de mediodía... que trae sonido... sonido y nubes... nubes de conflicto... de tensión creciente... que se disuelve en la lluvia.
O tal vez no para todos... El trueno de la tormenta se desvanece, pero se avecina otro tipo de trueno... El trueno de hueso contra hueso. Se acerca cada vez más... más... y de repente... se descarga. Y ahora solo es una cuestión de girar... girar... girar... Pero al final... nada podría haber parado al combatiente ensangrentado en cualquier caso. El último empujón... y todo termina. ¡La victoria es suya! /extenuación/ /¿el dolor?/ /¿la sangre?/ /¿el miedo?/ /¿la rabia?/ /el alivio/ /el harén/ /la victoria/ /¡el poder!/ … Pero no todo está tranquilo tras la tormenta... hay agitación, expectación... ¡viene alguien! El nuevo señor del bosque. Y tiene una última pregunta... ¿no hay nadie más?

Y una vez más... la luz se apaga... el sonido se apaga... y hay oscuridad – de nuevo.




23 octubre 2016

Un día de bramidos


Lluvia... bruma... sol... frío... niebla... calor... ¡cambios! Los titanes del bosque caducifolio llevan casi un año esperando estos cambios. Saben que ha llegado el otoño... llevan meses preparándose: desde las cuerdas vocales hasta la última punta de la cornamenta, todo está listo para el gran espectáculo. 
¡Ha llegado la berrea del ciervo a los bosques británicos!

*         *         *

Contra el cielo que empieza a clarear se recortan las astas del dueño del bosque... 

... no se puede distinguir la noche del amanecer. La niebla es tan densa que lo único que se percibe con nitidez es el grave rugido del macho dominante

Aunque a nosotros la niebla no nos deja distinguir nada, cada uno de sus sentidos está percibiendo los más sutiles estímulos... la silueta de otro macho en el borde del territorio... una ráfaga de aire con el olor de una hembra en celo... un bramido especialmente desafiante en el otro lado del bosque... un pequeño claro en las nubes... ¿que podría dejar salir el sol? 

¡Así es! Y una vez el sol empieza a iluminar la bruma, todo el bosque se convierte en un escenario de cuento de hadas. Un macho sale al claro, briznas de hierba ondeando del asta como un estandarte dorado

¡Y el otro macho no tolerará intrusos! El duelo de bramidos llena el denso aire de la bruma naranja...

... pero la capa de niebla va retrocediendo. Los robles centenarios enmarcan al gran macho en una escena más propia del pleistoceno boreal que del siglo XXI

Un único rayo ilumina a este gigante, dejando el fondo otoñal en una sombra rojiza


Cada vez más machos se activan: frotan la cornamenta con los helechos y patrullan cada rincón del bosque empapando sus patas con el rocío de los helechos

Algunos son verdaderos titanes... el frío les obliga a tener ese abultado pelaje, pero es el peso de esas enormes astas el que les hace desarrollar ese potentísimo cuello 

Las hembras son mucho más estilizadas y discretas... Es fácil pasarlas por alto e irse directo a fotografiar los grandes machos, pero cuando te paras a observarlas en detalle empiezas a apreciar su elegante pero indudable belleza

 Y son por supuesto las hembras el objeto de la furia de los machos: deben mantener a los otros alejados de su harén hasta que todas las hembras entren en celo. Solo estarán receptivas para el apareamiento durante unas pocas horas...

A pesar de la carga hormonal y del estrés al que la berrea les somete, es admirable lo tranquilos que parecen los machos. En sus rondas territoriales siempre mantienen un paso noble y elegante, nunca les verás descoordinados o histéricos. ¡Siempre en control, siempre los dueños del bosque!

Son días muy largos para estos infatigables héroes. Es tal la intensidad de la berrea que prácticamente ni comen ni descansan para mantener su dominio. 

 Por eso, una vez termine el celo de las hembras, tendrán que pasar días enteros alimentándose y descansando para recuperar energía.

El verdadero disfrute viene cuando empiezas a reconocer cada individuo. ¡No hay dos iguales! Cada uno tiene su personalidad, sus costumbres... ¡su voz! 
Cuando escuché por primera vez el bramido de este macho, pensé -Meh, pues qué sosada... parece una vaca mugiend...- y de repente se aclaró la garganta y, a 8 metros de mí, bramó el ruido más grave y gutural que he escuchado nunca. El suelo vibraba. Me quedé de piedra... Ni disparé la cámara. ¡desde entonces, no he vuelto a ver los ciervos de la misma manera!

Pero los ciervos no eran los únicos confiados... este precioso arrendajo (Garrulus glandarius) saltaba de rama en rama enseñando sus resplandecientes plumas turquesas. 

Después de un día de sol, nubes vuelven a cubrir el cielo. Este tiempo cambiante tan otoñal desata más aún las hormonas de los machos. Tenía muchas ganas de ver alguno con la cabeza llena de helechos. ¡Éste era el momento! Además, la propia vegetación de la que había sacado su adorno creaba un desenfoque en primer plano que me ayudó a "completar" la imagen

El porrón moñudo (Aythya fuligula) de un pequeño lago también estaba colaborador... aunque juzgando por las nubes que se estaban formando, pronto su plumaje tendría más gotas que las de sus zambullidas...

Caen las primeras gotas y los decibelios empiezan a subir. -¡MI territorio! ¡MI bosque! ¿Alguien quiere discutirlo? ¿Nadie? ¿¡Nadie!?-

La lluvia golpea las puntas blancas de las gastadas astas y empapa el pelaje del ciervo: una escena que me había imaginado muchas veces pero que no imaginaba lo difícil que resultaría. Ya suponía que terminaría completamente calado -como efectivamente ocurrió-, pero disparara con la velocidad que disparara, es increíble lo poco que se aprecian las gotas en las fotos... ¡y estaba cayendo la mundial!

 En el clímax de la tormenta, el macho empieza a trotar de un lado a otro. Expulsa a un joven rival y persigue a un grupo de hembras... ¡del ejercicio, está tan caliente que cuando ruge exhala una bocanada de vaho espectacular! Estar ahí, sólo, en el frío de un robledal centenario, escuchando cómo el bramido corta el repiqueteo de la lluvia te recuerda lo frágiles y débiles que realmente somos!

Y para hacer honor al impredecible clima inglés, la tormenta desaparece tan rápido como llegó y un rojo atardecer corona las siluetas de los robles... ¡y de dos (ya familiares) astas!


Ya había empezado a ulular el cárabo local y todavía seguían los grandes machos bramando en la oscuridad. El día terminaba como había empezado: ¡como un día de bramidos!


P.D. En realidad éste es solo un resumen de parte del viaje. En breve terminaré una edición de vídeo con los "grandes hitos", ¡así que estad atentos al blog! 
PD-2. Casi un año después, ¡por fin he terminado el vídeo! Lo podéis ver en: https://www.youtube.com/watch?v=6lcDcv_vW7M&t=444s

18 abril 2015

De safari por Andújar 2015... ¡en busca del gran felino!

En España hay muchísimos sitios para ver animales: están las aves de Monfragüe, los osos de Asturias, los lobos de la Culebra... y están muy bien, pero hay un lugar que para mí es incomparable: Andújar. 1), porque el paisaje es de los más bonitos de la península, y 2), obviamente, ¡porque hay lince! Y es que el P.N. Sierra de Andújar es uno de los últimos reductos de nuestro querido lince ibérico, y con diferencia el mejor lugar para verlo... así que, ya por 4º año consecutivo, ¡allá que fuimos a probar suerte!

Era el mediodía del 2 de enero cuando llegamos... y el espectáculo estaba servido. La imagen de bienvenida son los ciervos (Cervus elaphus) pastando confiados por las dehesas. A nosotros nos parece idílico y hermoso, pero claro, ya se sabe que aquí bicho que se mueve, bicho que se quiere escopetear. Y es que todos los años, la temporada de caza es el escenario de una masacre: decenas, si no cientos, son tiroteados, a pesar de ser un "parque natural".

Por suerte este magnífico macho ha sobrevivido: pasó a nuestro lado mientras nos acercábamos a las famosas curvas linceras, ¡un animal imponente!

Y más aún en movimiento. Aquí está en todo su esplendor, saltando el lecho seco de un arroyo

No llevábamos ni media hora en el parque y los avistamientos se iban sucediendo. La pareja de águilas reales (Aquila chrysaetos) sobrevolaba el bosque 

¡Y justo después, el águila imperial (Aquila adalberti)! Iba remontando el vuelo, dando unos aleteos potentísimos, y haciendo esa especie de quejido/ladrido que no parece para nada propio de un águila

Llegamos a las curvas y saludamos a los amigos y conocidos que encontramos. Aquello es una peregrinación obligada de los amantes de los animales, ¡y todos acabamos yendo a los mismos sitios! Para mi sorpresa, acababa de verse un lince en celo, maullando por las colinas. "¡Será posible!", pensé. Vamos a haber llegado justo cuando se acaba la fiesta (no sería la primera vez). Pero la suerte estaba de nuestra parte, porque a los cinco minutos...

¡Un impresionante macho de lince (Lynx pardinus) se tumbó al lado de la pista! Y claro, con los nervios no podía casi ni disparar: ¡me temblaban las manos! Todos los presentes estábamos alucinando, pero al lince no le podía importar menos: nos miró con indiferencia, se acomodó... ¡y empezó a lamerse! 

Y eso iba a ser sólo el entrante, porque con el celo, los linces estaban desatados, moviéndose de un lado a otro y maullando con todas sus fuerzas. 

Ya por la tarde, otro precioso lince posó para las cámaras en lo más alto de una roca, permitiendo enmarcarlo en su hábitat. ¡La vista que debía tener desde ahí arriba debe ser impresionante!

Avanza la tarde, y los petirrojos (Erithacus rubecula) revolotean en los arbustos junto a la pista

Los últimos rayos de luz del día iluminan a un elegante ciervo (al que ya se le había caído un cuerno), trotando colina abajo

Y así, con un impresionante sol poniente, terminó nuestro primer día en Andújar... 

El sol no tardaba en ser relevado por la luna llena, y la experiencia de volver conduciendo por esas dehesas, en la oscuridad de la naturaleza, es única

Los siguientes dias fueron un no parar. Todas las mañanas nos acercábamos a los puntos de observación, pero por el camino podíamos disfrutar de encuentros con los hervíboros locales, como los machos de gamo (Dama dama)

Estábamos teniendo mucha suerte con los linces, y aunque varias observaciones fueron lejanas, pudimos verlos moviéndose con toda la tranquilidad en su entorno... incluso un intento de apareamiento, pero la hembra se escondía en los arbustos y todavía no estaba suficientemente en celo

También visitamos otros paisajes, como el abandonado pueblo de la Lancha, donde un hermoso ciervo posó con las colinas al fondo

El río Jándula es el hogar de los cormoranes: ¡y los hay a decenas! Aquí ves uno nada remontando el vuelo a primera hora de la mañana

¡Y es que por las mañanas hacía frío, mucho frío! Pero los linces se iban moviendo más y más...

 Aquí ves un barrido "creativo" (jeje) de un macho bajando por los pedregales, prácticamente de noche. La potencia de esas patas al bajar la ladera me impresionó muchísimo, vaya joya de animal

Pero todavía había un golpe de suerte esperándonos. Era media tarde, y por la mañana no había habido gato, pero la fortuna iba a cambiar de golpe: iba yo bajando por una de las curvas cuando me silbaron y me hicieron señas para ir rápido... con el corazón a 100, llegué a la curva anterior y para mi gran alegría:
¡El lince estaba justo ahí! Era un marco de rocas perfecto, con helechos y una luz dorada. ¡No podría haber sido más bucólico!

Entonces cruzó la verja y empezó a bajar tan tranquilo la pista. ¡Imagina mi sorpresa cuando pasa justo delante de nuestro coche, aparcado apenas un cuarto de hora antes!

Y siguió acercándose... yo me senté para pillarlo más a nivel, y buf, ver a través del visor esa forma moviéndose tan cerca y mirándote: ¡el obturador echaba humo!

Terminó por subirse a la colina y siguió avanzando... no tardamos en perderle de vista tras la loma. Yo ya daba el avistamiento por terminado, claro, pero de todas maneras echamos a andar por la pista, paralelo a por donde se había subido...

Al doblar la curva, vi como la gente que estaba allí también parecían haberlo visto, y cuando ya llevaba medio camino para encontrarme con ellos y comentar la experiencia, me fijo en que estaban como mirando hacia aquí. ¿Será que ha bajado el lince por aquí? Y justo miro a la derecha de la pista, y digo "No. No, no, no. No es posible". Apunto la cámara y veo ésto:

Bum.
Adiós a la tranquilidad. Estaba ahí, a apenas 6 metros. Suena a tópico, lo se, pero de verdad pensé que estaba en un sueño. Tantas veces imaginando tener el lince así, ¡y ahora estaba!
El shock fue importante, pero empecé a disparar decenas y decenas de fotos...

 El resto de observadores no tardó en venir a disfrutar del avistamiento, pero en contra de lo que podría parecer, ¡al bicho no le podía importar menos! De hecho aquí los ves bostezando de aburrimiento ante nosotros indecorosamente, jiji. Fíjate, menudos colmillacos, nos recuerda que al fin y al cabo estamos hablando de un gran depredador

 Siguió tumbado un par de minutos que parecieron horas, y entonces se incorporó, nos miró con desgano una última vez y echó a andar, perdiéndose por las colinas...

¡Wow! Yo seguía con los ojos como platos, suspirando y balbuceando del asombro. 
Pero pensé que tal vez, tal vez, su "patrulla" por las colinas le llevara de nuevo cerca de la pista. Así que eché a andar pista arriba... 
Y cuál fue mi sorpresa cuando veo cómo otro pequeño grupo de personas estaban ya asentadas a la espera. "¿Lo habéis visto? ¿Está por aquí?", pregunté nervioso. "Sí, sí, igual pasa por esa colina".
"Uh, con colina te refieres a ésta primera de aquí? ¿La de cerca?". "¡Sí, sí, ésta misma!"
Mmm... vaya... ¡ésto es mejor de lo que esperaba! Si pasara sería brutal, pero ¿pasaría?

"¡Ahí viene!"

"Venga ya. ¡Ésto ya es demasiado!" -Click, click, click, click-
Pero así fue. Como si hubiera estado contratado, cruzó el encuadre en todo su esplendor lincero

Tomó una pequeña pista, bajó al trote y para cuando me quise dar cuenta ya había cruzado la carretera, subido por la colina y desaparecido entre la vegetación

Y así, en un abrir y cerrar de ojos, llegó el final de nuestra estancia. Fue un atardecer precioso, pero al día siguiente teníamos que volver a casa... aunque teníamos una última mañana para probar suerte...

Encuentros como éstos me hicieron consciente de lo delicado de este animal: un par de mínimas poblaciones no son suficientes, y menos aún ahora que su principal alimento, los conejos, está desapareciendo delante de nuestras narices... este lince que os he enseñado tiene nombre, por lo que nos dijeron se llama Electro y tiene 7 años. Y eso es lo preocupante, que haya tan pocos linces que se les pueda poner nombre.
Aunque, como veréis en la siguiente entrada, ¡todavía hay esperanza!