07 julio 2014

El gran potencial del primillar de El Bercial

Visto lo bien que nos lo habíamos pasado en nuestra anterior visita a El Bercial, decidimos que había que repetir, así que una mañana más me preparé para un día de diversión en este sitio tan alucinante que es el Bercial. Nada más llegar allí, entré de nuevo a probar suerte en el hide del primillar, por lo que parecía era la mejor fecha para entrar... yo pensé que sería difícil tener más suerte que la última vez porque para mí había sido espectacular, pero allí que entré: ¡vaya si hubo suerte!

La anterior vez los machos de cernícalo primilla (Falco naumanni) tardaron unos 10 minutos en aparecer... ¡esta vez a los 10 segundos ya había dos en el tejado!

Apenas llevaba un minuto en el hide y la actividad era tremenda. Vuelos, aleteos, persecuciones, y ésta era la causa: ¡los primeros pollos ya habían salido del nido!

Y no paraban de ejercitar sus alas y pedir comida a los adultos que venían sin descanso al primillar

Pero el problema es que todavía quedaban pollos bajo las tejas (más pequeños que los que ya habían salido) que tenían que ser alimentados, y los padres tenían que (irónicamente) esquivar a sus pollos para llegar a sus pollos

El tejado estaba repleto de primillas, tanto que ya ni cabían...

... y entonces uno decidió que estaba harto de tanto ajetreo y se posó en la tronca fotogénica que tenían colocada al ladoy que tanto quería yo que usaran: ¡por fin! Ahora el escenario ya no eran las tejas sino un bonito tronco natural

¡Ésta es la imagen que siempre me imaginaba cada vez que miraba el posadero! Lástima que nunca tenía pájaro encima, pero ahora por fin sí... ¡vaya ráfagas le disparé a pesar de estar inmóvil el primilla, la verdad es que me pudo la emoción!

Y poniendo el zoom al mínimo se puede apreciar el paisaje único de El Bercial, con el río y sus árboles y las colinas y campos al fondo... todo ello con un cernícalo en primer plano, que es lo que hace especial al Bercial, jejeje

Viendo el color de los cernícalos y el de las tejas, parece que estuvieran evolucionados para vivir en estos tejados. ¡Aunque en realidad, los primillas llevan viviendo desde muchísimos años antes de fabricarse la primera teja! Pero desde luego les vino que ni pintado

¿Y antes de existir los tejados artificiales, dónde criaban los primillas? Eso me andaba preguntando yo, y resulta que aún hoy en día existen muchas colonias que anidan en riscos, cortados y roquedos. A veces pensamos que los humanos somos imprescindibles para la supervivencia de estas aves tan asociadas a los ambientes urbanos, pero hay que recordar que antes de expandirse los humanos ya había primillares: ¡y seguramente muchos más!

Yo seguía sorprendido de la cantidad de primillas que había, cada pocos minutos se posaba uno a menos de 4m y todo el rato estaban revoloteando, entrando y saliendo del tejado... menuda nube de cernícalos

Los padres no paraban un segundo, todo el rato yendo a los campos a cazar y volviendo con nuevas presas... ¡ñam ñam, éste bicho amarillo debe estar de lo más rico!, pensarían los pollos

El pequeño gorrión común (Passer domesticus), a pesar de ser común, es una de las aves más bonitas que pude ver, sobre todo ahora que están con su plumaje primaveral: este macho cantarín se posó justo al lado del hide

Entre tanto primilla, de repente veo de reojo una forma que se posa en el tejado y empieza a andar a saltitos... ¿será lo que creo que es? Apunto la cámara y ¡sí, lo es: una abubilla!

La abubilla (Upupa epops) parecía como en su casa en el tejado del primillar, deambulando de un lado a otro al lado de los primillas como si fuera una más desde siempre... aunque resulta que era la primera vez que alguien la veía ahí

Sigo sin estar seguro de qué haría en el tejado, pero supongo que estaría curioseando a ver qué era tanto ajetreo y ya de paso viendo si podía sacar algún resto de comida de los primillas y estorninos. Aquí la ves mirando atenta el nido de uno de los cernícalos

Y allí seguía, a unos 5 metros de mí y sin sospechar nada del hide: ¡vaya buena sorpresa inesperada!

Aunque en realidad, lo más impactante de la sesión fue justo al principio, cuando todavía estaba amaneciendo y el primilla que tenía el nido más cercano al hide vino a alimentar a sus pollos...

¡¡Tenía un ratoncillo recién cazado en el pico!! Debía haberlo encontrado en los campos de cultivo y lo sujetaba fuertemente en su potente pico

Tan fuerte que, al apretarle la cabeza al ratón, a éste le había salido el ojo de la órbita y lo tenía fuera... la verdad es que es muy chocante, pero al fin y al cabo es el drama de la naturaleza y es 100% natural. Es algo que se lleva repitiendo día tras día y nos recuerda que los cernícalos son auténticos depredadores implacables

Y por si eso fuera poco, un pollo volantón espantó al padre, y éste se fue y tardó unos 5 minutos en mi volver. ¡Para mi horror, cuando volvió ya había degollado al ratón! Era impactante, pero me decía a mí mismo que esa carne iba a alimentar a unos pollitos de cernícalo primilla que sin esas comidas no sobrevivirían

Ahora sí, el macho consiguió llegar a su nido y dejar el pobre ratón que ya por fin sería devorado por los pollitos... 

Y con esta dura pero natural escena termino la entrada, ¡sin duda fue una mañana de lo más productiva! ¡La primavera va avanzando y los primillas parece que están teniendo éxito en sacar adelante toda una nueva generación de comedores de ratones!

20 junio 2014

El (inolvidable) encuentro con el búho chico

Todavía era muy temprano cuando salimos de Madrid para iniciar una gran excursión en busca de un ave muy esquiva y poco conocida, la cual yo nunca había visto: el búho chico. Yo tenía bastantes dudas de si lo veríamos, porque no deja de ser todo un mito de los bosques de coníferas. En cualquier caso, allí que nos plantamos a probar suerte, y empezamos a rastrear la zona en busca del famoso búho:

Nada más llegar, un verdecillo (Serinus serinus) cantaba en lo alto de una rama seca con las arizónicas al fondo

Y de repente según íbamos andando me encuentro que mi amigo Roberto se ha parado en seco y me dice "El búho, ¡el búho!" y señala a unos árboles... yo miraba y miraba pero no se veía nada: "¿Donde está, donde?", preguntaba. "Justo aquí, en el primero" ¡Madre mía! ¡Yo miraba a unos 10 metros y resulta que el bicho estaba en el primer árbol, justo delante! Estaba tan camuflado que podría haber pasado cien veces por delante y no haberlo visto:

Pero ahí estaba el búho chico (Asio otus), camuflado como un tronco, y sólo le revelaban sus ojos naranjas... nos miraba fijamente para tenernos controlados, y yo pensaba que al estar tan cerca echaría a volar aterrado

Nada más lejos de la realidad: tanto que vi cómo poco a poco empezaba a cerrar los ojos y entrar en una especie de siesta... en realidad cerrar los ojos es más que eso, pues es una forma de que los depredadores (o en este caso, nosotros) no les detecten, al no ser visibles sus ojos brillantes

Visto que estaba bastante tranquilo, nos recolocamos a la derecha para tener un ángulo más limpio, sin tantas ramas... cuando nos movíamos, nos seguía con la cabeza y entreabría los ojos para tenernos controlados, pero de momento todo marchaba bien

Aprovechando lo cerca que lo teníamos, aproveché para hacer fotos de distintos detalles del búho: aquí puedes ver las tremendas garras que tantos animales habrán cazado...

Puede parecer sorprendente que el búho siguiera pensando que no lo veíamos, ¡pero cuando pones el zoom al mínimo, te das cuenta de que verdaderamente pasa desaprecibido entre tanta rama!

En inglés, al búho chico se le llama "long-eared owl", o "búho de orejas alargadas"... ¡no está desencaminado! Los penachos son muy característicos, y en realidad no son orejas: se cree que su utilidad es para romper la silueta de la cabeza cuando se camufla como aquí

Entonces Roberto se levantó y retrocedió lentamente para tener una mejor perspectiva: aquí puedes ver cómo el búho le siguió lentamente con la mirada y entreabría los ojos no vaya a ser que nos acercáramos demasiado...

¡Desde este nuevo ángulo sí que teníamos una visión totalmente despejada! Además el fondo era el más bonito, y con la luz del amanecer dando por el lateral, aquello parecía una postal: ¡no nos lo podíamos creer!

La verdad es que los búhos hacen bien al cerrar los ojos para que no se les vea: ¡hay que ver cómo brillan! Y con esa luz, eran tan tan brillantes que se podía ver el naranja del iris ¡a través del párpado!

Ahora el ángulo nos permitía verlo de perfil, donde se aprecia lo alargado que es su cuerpo, ideal para hacerse pasar por un tronco

Y de repente, cuando ya estábamos a punto de irnos, "¡Crack!". Me imagino que fue una ramita que pisamos, o cualquier otro ruido... pero de repente veo cómo nos mira directamente...

... y abre los ojos. Me quedé completamente inmóvil, y a pesar de estarlo viendo a través del visor de la cámara, me dejó impactado. Esos ojos, abiertos al máximo, naranjas y negros, mirándote fijamente... ¡buf, impresiona! 

Lógicamente, visto que había despertado del todo, no dudamos en retroceder con movimientos lentos y alejarnos: aquí ves cómo nos seguía con la mirada según nos íbamos yendo

Y pasado el susto, allí se quedó nuestro búho chico, en su rama para pasar la mañana: a veces, las mejores fotos no son los primeros planos sino las tomas en las que se ve el paisaje en que vive el animal: ¡aunque en este caso al animal cuesta encontrarlo!

Seguimos en silencio hasta estar lo suficientemente lejos, y entonces fue cuando empezamos a comentar lo increíble que había sido, no dábamos crédito de lo que acabábamos de ver. Sin duda, el animal había confiado enormemente en su camuflaje, pero también era un individuo muy tranquilo: como están en una zona donde no se les hace daño, se han acostumbrado a que los humanos no son una amenaza y no huyen despavoridos a la primer señal de personas: ¡si cuidamos a los animales salvajes y no les perseguimos ni amenazamos, seguro que podemos disfrutar de escenas como ésta más habitualmente!

07 junio 2014

Más habitantes de El Bercial

Continuaba la mañana en la finca ornitológica de El Bercial, y el siguiente lugar al que fuimos fue un cómodo hide situado en un bebedero-comedero en plena dehesa... ¡nada más cerrar la puerta, ya estaban los primeros rabilargos!

La mañana estaba ya bastante avanzada y por eso los rabilargos (Cyanopica cyanus cooki) apenas tenían hambre de haber comido todo el día

 Pero no pienses que por ser un comedero las aves sólo se alimentan de esa comida: como cazadores innatos que son, siempre están cogiendo algún bichito para cambiar el sabor: los rabilargos, al igual que todas las aves, tienen también gustos para los alimentos: ¡y no debe haber nada más rico que un buen saltamontes!

Este hide era muy grande, algo más que el del primillar, y me estaba moviendo todo el rato para tener otros ángulos. Los posaderos con líquen y el fondo de la dehesa permiten hacer fotos muy bonitas

¡ Y como el bebedero está casi pegado del hide, también se pueden hacer primerísimos primeros planos!

 A veces, cuando vas a un hide sólo piensas en hacer imágenes del animal con el máximo zoom... pero como están tan cerca, si quitas zoom puedes obtener fotos en las que se ve al ave en primer plano y el ambiente de fondo: aquí ves al rabilargo con la dehesa mediterránea en la que vive

Son de las aves más inteligentes de Europa, como buenos córvidos que son, y un ejemplo es que en algunas poblaciones que eran especialmente afectadas por parasitismos de cucos en el nido, aprendieron a identificar los huevos de los intrusos para echarlos del nido cuando había ido el cuco a ponerlos

Y de hecho, cuando ven a otro córvido se vuelven locos... esta urraca apareció para intentar beber y menudo viaje le metieron, las continuas pasadas y gritos que le daban hicieron que se tuviera que ir por donde vino

Otro de sus posaderos, con un fondo más verde, en la entrada al bebedero: ¡no me extraña que tuvieran sed con el calor que hacía fuera! Menos mal que en el interior del hide se estaba la mar de bien, jejeje

Y para despedir la breve sesión de hide nos visitó una pareja de alcaudones comunes (Lanius senator), que no se posaron muy cerca y sólo pude pillar por los pelos: desde luego que la densidad de animales es enorme, y seguro que cada vez más y más especies irán descubriendo el sitio

Como ya era la hora de comer, el siguiente destino iba a ser el hide-observatorio de la laguna de El Bercial. Es sin duda el mejor observatorio en el que he estado, pues tiene casi 70 m2 de superficie y desde él pudimos ver multitud de aves acuáticas con el telescopio. Entre ellas, un nido de somormujos con los somormujos chapoteando alrededor, los vuelos del aguilucho lagunero, mi primera garza imperial (pescando, menudo show) y hasta una garcilla cangrejera. Entre tanto bicho, el momento extraño del día vino cuando estábamos hablando de las golondrinas dáuricas y... 

 -Flop flop flop- Uy, ¿qué es eso que aletea? ¡Si suena dentro del observatorio! 
Y a nuestros pies vemos... ¡una golondrina dáurica (Hirundo daurica)! No me lo podía creer, menuda coincidencia: debía haberse colado por una de las ventanitas de observación que habíamos abierto, pero en cuanto me tumbé para hacerle alguna foto decente (no me llegó a dar tiempo), echó a volar y a buscar la salida: rápidamente le abrí la puerta para que saliera y allí que se fue, menudo alivio que volviera a volar libre... ¡y menuda sorpresa nos llevamos!

 Y ya pasada la comida, mientras veíamos la garza imperial pescando, vino a visitar la laguna una de las grandes especialidades de El Bercial, el elanio azul (Elanus caeruleus), un juvenil que estuvo unos minutos tranquilamente posado en un pequeño chopo

Y aquí puedes ver a este bicho tan chulo en movimiento, el momento en que despegó para volar a otro lado, ¡la verdad es que es un animal que visto de cerca impresiona!

Y para terminar la tarde, llegó el momento que de verdad nos había traído a El Bercial: ¡la visita al hide de los abejarucos! Como ya sabéis, los abejarucos son mi debilidad particular, pero nunca había podido disfrutarlos en condiciones desde un hide, solamente encuentros puntuales... ¡vaya ganas les tenía! Por desgracia, justo esa tarde tuvieron el día tontorrón y nada, que no se posaban: ¡hay que recordar que son animales salvajes y son impredecibles! Un hide no es un zoo, y cuando ya quedaban pocos minutos de luz, se posó uno a unos 3 metros, me quedé inmóvil y tuve tiempo de sacarle dos fotos antes de que volara...

... fue lo justo como para no irme de vacío, aunque ya tengo excusa para volver, jejeje. Pero sin duda esos segundos de tener a un abejaruco (Merops apiaster) tan cerca y poder disfrutar esos colores fueron inolvidables. ¡Es que son preciosos!

Y ya de noche tocaba volver para Madrid, pero había sido un día tremendo que espero repetir cuanto antes y una conclusión quedó clara: ¡hay que volver!