10 mayo 2016

¡Anhinga!

-Anhinga, anhinga!!, dijo el conductor de la pequeña barca en la que íbamos montados señalando a una extraña criatura, mitad ave y mitad serpiente, que devoraba un escurridizo pez en medio de un enorme río africano... 
¿Cómo habíamos llegado hasta aquí? ¿Qué es este extraño animal? ¿Y qué significa anhinga?

Estábamos por supuesto en la recta final de nuestro safari en Botswana... y habíamos llegado a un lugar mágico, un lugar de extrañas criaturas donde a cada vuelta del camino puede aparecer cualquier cosa


¡El Chobe Riverfront! Este majestuoso río marca la frontera entre Botswana y Namibia para desembocar en el Zambezi y caer por las Cataratas Victoria. 

Pero en este tramo, el Chobe fluye lento y profundo... y bajo la atenta mirada del pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer), un extraño animal descansa junto al agua

¿Pero qué es?

¿Un enorme pico en una cabeza diminuta sobre un larguísimo cuello?

Se trata del anhinga africano (Anhinga rufa) o pato aguja, conocido localmente como snake bird, "el pájaro serpiente". En realidad es un suliforme, pariente de los cormoranes, alcatraces y fragatas: un prodigio de la evolución en el que hasta el último detalle está perfeccionado para convertirlo en el pescador por excelencia. 

¡Y un paseo en barca por el río Chobe es un desfile de anhingas, para ellos debe ser un paraíso! 
El sol del mediodía les viene genial para secar las plumas. Al igual que las del cormorán, las plumas del pájaro serpiente no son totalmente impermeables, lo que les permite bucear sin flotar. Sin embargo, eso les obliga a pasar muchas horas poniéndolas a punto de nuevo

Un viejo árbol caído en medio del río era el posadero preferido de este anhinga, como atestigua la corteza sepultada de guano blanco

De repente, empezó a recolocarse y a bajar (¡no sin cierto esfuerzo!). Se paró justo encima de las olas del potente Chobe, como si tuviera ganas de lanzarse...

...¡chof! Un pequeño salto y el anhinga estaba en su medio. ¡Ahora no cabe duda de por qué se le llama "snake bird"! Miró a los lados, metió la cabeza y echó a bucear alejándose de nosotros... 

En ese momento yo solo pensaba "¡Cuidado, pequeño anhinga, cuidado por ahí!" y es que ese tramo del Chobe está repleto de troncos flotantes como éste, que el anhinga haría bien en evitar.

Por supuesto, no contábamos con volver a ver al anhinga buceador, una vez empiezan a nadar quién sabe hacia dónd... -There it is! Oh, it has a fish! A fish!, dijo el conductor de la barca... ¿sería posible?
¡Wow, así era! En otro tocón de la orilla estaba otra vez el anhinga... ¡pero con un enorme pez en el pico! Lástima que estábamos lejos y para cuando llegáramos ya se lo habría tragado... aún así, allá que fuimos...

...¡pero resulta que se le había atragantado! El resbaladizo pez no quería bajar por la estrecha garganta del anhinga. Las cámaras echaban humo, y además según avanzaba la barca el fondo iba "rotando" y cada foto parecía hecha en un sitio distinto. -¿Y si nos acercamos un poco más?-

La escena era prehistórica: el extraño pájaro serpiente tragándose lentamente un escurridizo pez en medio de un río lleno de cocodrilos bajo el sol de un mediodía africano.

Y cuando parecía que no iba a conseguirlo nunca, el anhinga estiró el cuello y cerró el pico definitivamente. ¡Por fin!

¡Qué alivio! Habían sido unos minutos duros para el anhinga... ¡y para el obturador de mi cámara! El pájaro serpiente se había ganado un merecido descanso, pero a la cámara todavía le quedaban horas de trabajo: ¡como podrás comprobar en la próxima entrada, no solo hay anhingas en el Chobe!

02 mayo 2016

Savuti, hogar de las rapaces nocturnas

Seguro que si piensas "paisaje de la sabana africana" te viene a la mente una enorme llanura con árboles dispersos bajo un potente sol de mediodía... ¡no siempre es así! Cuando cae la noche, la oscuridad reina en la sabana. ¡Es la hora de los búhos! 
Llevábamos ya 4 dias de safari cuando llegamos a la mítica marisma de Savuti, dejando al sur el delta del Okavango... y en el poquito tiempo que pudimos estar allí, fuimos observados atentamente por ojos entre la espesura... ¡ojos de rapaces nocturnas!

Despunta un nuevo dia en la marisma... las siluetas de la bandada local de babblers píos (Turdoides bicolor) se recorta con las primeras luces

El sol todavía no ilumina las pequeñas pozas en el cañón del río, pero el joven pigargo vocinglero (Haliaeetus vocifer) ya remonta el vuelo con sus potentes aleteos

Y tanto ajetreo no pasa desapercibido para una mirada que se va desperezando desde la cumbre de los árboles... ¿quién será?

 Ya ha entrado la mañana, y el tántalo africano (Mycteria ibis) limpia sus plumas en el embarrado abrevadero

 ¡Swosh! El drongo de cola ahorquillada (Dicrurus adsimillis) está usando un enorme termitero como pista de despegue para lanzarse a por los pequeños insectos que vuelan con el calor del mediodía

 Mientras tanto, el gigantesco marabú (Leptoptilos crumeniferus) alza el vuelo... sus lentos aleteos son una delicia para la cámara, pudiendo congelar el remonte bajo la intensa la luz africana. 

¡Ahora sí que han despertado por completo al pobre búho de Verraux (Bubo lacteus)!
Aunque ha pasado toda la noche de cacería, nunca quita ojo de lo que sucede alrededor... y es que no es el único búho de la zona...

Los estorninos de Burchell (Lamprotornis australis) deben andarse con mucho cuidado cuando cae la noche en la marisma...

 ...porque ¿quién sabe cuántos pajarillos habrán cazado estas temibles garras? 

 ...garras que pertenecen, por supuesto, al imponente búho real africano (Bubo africanus)

 Por ahora hace demaisado calor - el búho apenas puede mantener los párpados abiertos. Pero cuando caiga la tarde ya será otro cantar...

 De momento, el drongo puede estar tranquilo. Puede dedicar la tarde a arreglar su plumaje, ya comió suficiente por la mañana en su termitero preferido

...pero tampoco debería relajarse mucho tiempo. En el invierno de Botswana, los días son muy cortos y para cuando se quiere uno dar cuenta, ya está atardeciendo. Alguien se empieza a impacientar en su rama... han sido ya muchas horas durmiendo en el mismo sitio...

...los ojos del búho real africano comienzan a abrirse de nuevo...

... y la pareja se junta, preparándose para una nueva jornada de caza nocturna

Pero los últimos rayos de sol todavía tienen preparada una sorpresa en el paraíso de los búhos... un impala está caminando entre los árboles caídos de un viejo bosque. De repente, un tocón parece haberse movido... ¿será posible?

¡Resulta que no es tocón ninguno, es un pollito de búho de Verraux! Ambos se miran con cursiosidad, pero saben que al día le queda poco, y cada uno tiene que atender sus tareas: el impala, terminar su ronda diaria y buscar un sitio seguro para dormir...

... ¡y el buhíto, subirse de nuevo al árbol del que se cayó! 
Todavía no puede volar con mucha destreza, así que no le queda de otra que impulsarse contra la corteza e intentar agarrarse con las patas para subir centímetro a centímetro... en Savuti, la vida no es fácil para las pequeñas rapaces nocturnas

Aunque no todas las rapaces que recorren estas praderas son nocturnas. En elegancia, nadie supera al secretario serpentario (Sagittarius serpentarius), casi tan alto como una persona y un experto cazador de serpientes 

Ya se ha escondido el sol, y los animales tienen que apresurarse a "cerrar" su dia. Las gallinas de Guinea (Numida meleagris) se acercan al abrevadero a dar el último trago de agua...

...y allí las espera el tántalo, que ya tiene las plumas bien arregladitas y que aprovecha para pescar algún siluro despistado... 

Y cuando parece que ya todas las aves se han escondido para la noche... dos ojos negros observan enmarcados por unas llamativas cejas blancas... ¿o no?

¡No! En realidad esos ojos no eran tales, sino que era la nuca del pequeño mochuelo perlado (Glaucidium perlatum), que no quiere que se le acerque ningún búho más grande por la espalda... ¡con esos falsos ojos, parece que siempre te está mirando! 

Como has podido ver, en Savuti nada es lo que parece... y en cada rincón hay alguna rapaz nocturna esperando a que llegue la noche. Apenas habíamos tenido 2 dias para fotografiar la increíble fauna de esta marisma, pero todavía nos quedaba un último destino en Botswana por explorar: ¡el frente del río Chobe!

07 abril 2016

Una día de aves... y elefantes

Imagina una tarde dedicada a fotografiar elefantes... imagina ahora una tarde dedicada a fotografiar aves africanas... ¿cuál elegirías? ¡Mm, difícil! Por suerte, en el río Khwai (donde todavía nos quedaba una última tarde de safari) no tienes que escoger- ¡las aves y los elefantes nunca andan muy lejos!



Inmóvil entre el carrizo, la garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) se camufla a la perfección... ¡hasta que despega y revela su níveo blanco en las alas!

Es mediodía, y el calor aprieta... incluso los más grandes de la sabana tienen que acercarse a saciar la sed en las frescas aguas del Khwai. 

Pero mientras el elefante está bebiendo, una silueta blanca y negra desciende a toda velocidad entre los árboles... solo que no es ni mucho menos blanca y negra: desde el rojizo de la base del ala hasta los reflejos verdes iridiscentes - ¡pasando por el rosa del pico y el ámbar del ojo! - el ganso del Nilo (Alopochen aegyptiacus) es una paleta de colores voladora. Congelarlo en pleno aterrizaje fue toda una satisfacción: "¡el logro del día!", pensaba yo...

...¡pero me equivocaba! Y es que apenas 10 minutos después de haber fotografiado al ganso, paramos delante de este ibis sagrado (Threskiornis aethiopicus). A pesar de lo icónico (y hermoso) de este animal, tampoco era la situación fotográfica ideal. Estaba muy cerca, eso sí, a unos 8 metros del coche, pero por alguna razón yo no había puesto el zoom a tope. Algún movimiento debió mosquearle, porque empezó a recolocarse... "¡Va a despegar!"

Click, click, click...
¡Bum! Tres disparos... ¡no me dio tiempo a más! En una fracción de segundo, el ibis ya estaba sobrevolando el río buscando alguna orilla más tranquila... ¿y la foto? "¿habrá quedado algo?" Cuando revisé el visor, no pude contener un "¡Toooma ya!": ¡ese poco zoom me había salvado! Es tanta la superficie que aumentan estas aves en vuelo que unos pocos aumentos más y habrían quedado las alas o las patas cortadas. Desde luego, ese dia la suerte de Khwai me sonrió.

Lo bueno de Botswana es que no te da un momento de pausa. Todavía estaba revisando una y otra vez la foto del ibis cuando observamos, más que un pájaro con cola, una cola con un pájaro encima: era, por supuesto, mi querido alcaudón pío (Urolestes melanoleucos).

Pero no todas las aves de Khwai son tan pequeñas. Dos sombras se proyectaban sobre el suelo, y cuando miramos hacia arriba, no una sino dos perdiceras africanas (Aquila spilogaster) se remontaban bajo el sol del mediodía.

Poco a poco iba cayendo la tarde, y al girar una curva en la pista nos encontramos con esta majestuosa postal: 
...dos machos de elefante recorrían un pequeño claro en el bosque de ribera... no hay nada comparable a observar dos elefantes salvajes en un lugar así: la calma que transmiten choca con el brutal poder de semejantes gigantes, que de hecho son responsables de la gran mayoría de los árboles caídos. ¡Inspirador!

Y como no podía ser de otra manera, las aves nunca andan muy lejos de los elefantes: este reluciente estornino de Burchell (Lamprotornis australis) se acercaba a nuestro todoterreno a investigarnos mientras observábamos los elefantes. Para descubrir todas las curiosidades de estas brillantes criaturas, visita la entrada: estorninos de Africa: ¿color o luz?

Empezaba a atardecer: la mágica hora en que los elefantes salen del bosque... ¡hacia el río!
Escena prehistórica donde las haya... un lugar donde todo es natural, inalterado: ese bosque continúa durante kilómetros infinitos, misteriosos y desconocidos. Igual que el agua de la que bebe el elefante, proveniente del magnífico Okavango, que nace a más de un país de distancia, en Angola. Para mí, si algo merece el burdamente sobreutilizado calificativo de paraíso, éste es el lugar.

El sol sigue bajando, pero al elefante le cuesta decidirse a cruzar... un grupo de gallinas de Guinea (Numida meleagris) parece estarle esperando en nuestra orilla del río

Y justo cuando el sol está dando su luz más dorada, el elefante se mete de lleno en el agua y comienza a cruzar el profundo cauce: en el coche se produjo un largo silencio de asombro - nadie nos atrevíamos a decir nada ante semejante momento.

Las gallinas de Guinea seguían a lo suyo, y su gran bandada ya había rodeado por completo nuestro coche... 

Y finalmente, el descomunal elefante alcanzó la orilla, iluminado por los últimos rayos de sol en su ancestral hogar.

Yo pensaba que una vez se había escondido el sol ya quedaba poco por hacer, pero cuando nos quisimos dar cuenta, otro elefante había salido a la orilla, ¡pero esta vez desde nuestro lado del río! Y a diferencia del anterior, éste bajó a beber con la luz detrás...
¡Y la escena era inmejorable! El horizonte apenas duraría unos segundos teñido así, pero me dio el tiempo justo a tumbarme en la fría arena mientras el elefante tomaba sus eternos sorbos de agua. 

A pesar de que al principio estaba super nervioso (¿me quedaría suficiente batería en la cámara? ¿tendría los ajustes adecuados?) la escena era tan relajante que antes de que pudiera darme cuenta, ya me estaba fijando únicamente en el rítmico movimiento de la trompa, en los chirridos de los estorninos y la extraordinaria quietud del aire... 
Y cuando el rojo del horizonte se disipó por completo, el elefante dio media vuelta y, "escoltado" por 3 estorninos volando en formación, se adentró en el misterioso bosque para pasar la noche...


¡La forma perfecta de terminar un dia de aves y elefantes! Acababa el día, pero no nuestro viaje en Botswana: al dia siguiente saldríamos de nuestro querido Khwai para subir a un lugar mítico: la marisma de Savuti. ¡Continuará!